Blame it on the Laser Rain

Vamos a hablar de las dudas, de las respuestas que se guarda uno. De los silencios incómodos, de la manera en la que nos miramos que se asemeja a la de dos fieras a punto de batirse. De los silencios encerrados y de las verdades inconclusas e inéditas, de cómo nos guardamos un trozo de nosotros y andamos por ahí con el paso diminuto y cauteloso para no caer, porque fui cazador y ahora me buscan para ser cazado, porque puedo sentir la mirada amenazante de un rifle, el peso de la mira a distancia; podemos oler el paso firme de un depredador disfrazado de oveja porque el muy inteligente se enreda en su camuflaje y la presa peca de ingenuidad, y porque vemos en peligro a esa criatura tan inocente volando por los cielos, esos cielos de los que se siente dueña y del que nosotros creíamos tener el control, la posesión, el derecho de habitar en ellos y hacer suertes en el aire, la danza de los dioses; pero en ese techo se tejen las nubes y hay nubes de tormenta que se tejen con el hilo negro de las intenciones, un hilo negro y transparente que si le damos muchas vueltas nos da para ahogarnos en una tempestad sin que nos demos cuenta. Son incógnitas sin resolverse, pasos sin darse, o pasos que se dieron alguna vez y que nos esconden un murmullo inquieto pero no nos interesan, un andar escondiéndose entre las calles planeando una derrota que sin percatarse destruye universos, ilusiones, fantasías que alguna vez nacieron de ellos. Es el misterio que nos condena, que nos hace agachar la mirada, que nos jala de un alambre desde la espalda y se tensa hasta hacernos más viejos y enfermos. Así pues creo que enfermo estoy y enfermo estaré condenado a vivir. Que enfermo me cuiden, que me quise aliviar pero esto no es como un resfriado en el que basta un remedio y un apapacho para hacerse sanar, para sentirse como en el hogar. Hay cosas que no entiendo y otras que no sé si deba entender o crear, porque unas leyes las escribimos nosotros y otras el universo y la vida nos rige, se va más allá de las sonrisas y nuestros sueños. Que la gente al pasar nos mire de manera ejemplar, una envidia proyectada de sus sueños frustrados y las ganas ajenas a medias. Eso es lo que genera las guerras, lo que nos puede hundir en un terrorismo a secas del que no nos damos cuenta o el que nos negamos a admitir que existiera, porque sabemos que en la guerra hay sangre, hay penas y la única batalla que nos gustaría jugar es esa tan discreta e íntima en que los corazones se alebrestan y las sonrisas alborozan dondequiera, porque nos gusta jugar y no medimos las apuestas, porque la vida cambia y de nosotros depende decirle que renunciamos a nuestros privilegios con tal de obtener nuevas gracias y nuevas experiencias. Así seguimos jugando, enmudecemos, nos miramos, podemos tomarnos de la cintura y abrazarnos y dejar que el tiempo pase y arrastre lo que no existe, lo que nos sobra, lo que tenga qué hacer para llevarnos y para transformarnos a un mundo nuevo, a un reino que nos inventamos.


Me siento con la libreta roja abierta frente a mí, el bolígrafo entre los dedos golpeteando sobre la mesa y un mar de expresiones en mi cabeza en donde nada tu nombre, tu imagen, un rostro a media luz, esa imagen tuya que se me quedó grabada y que se refugia a escondidas entre las sombras de mi propia mente.

El pasado lo escribimos, el futuro lo idealizamos. Es por eso que decido siempre utilizar la tinta negra, porque es más caprichosa frente al tiempo y jamás cede ante el borrador, la imprimimos en la piel sin vacilar para que se quede ahí como testigo eterno de un acontecimiento, un suceso que sea tuyo y de nadie más sin hacer espacio para los bocetos porque borrar es para los cobardes. Escribo con mano firme y no obstante aún tenemos permiso para equivocarnos, seguir leyendo, seguir escribiendo. Demos paso así entonces a un nuevo capítulo de esta deliciosa escena.


nosoyejemplo:

Melancholy ♛ | via Tumblr on We Heart It - http://weheartit.com/entry/55373389/via/leivaldez

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Mi táctica es
mirarte
aprender como sos
quererte como sos

mi táctica es
hablarte
y escucharte
construir con palabras
un puente indestructible

mi táctica es
quedarme en tu recuerdo
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
pero quedarme en vos

mi táctica es
ser franco
y saber que sos franca
y que no nos vendamos
simulacros
para que entre los dos
no haya telón
ni abismos

mi estrategia es
en cambio
más profunda y más
simple

mi estrategia es
que un día cualquiera
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
por fin me necesites.

Mario Benedetti, Táctica y Estrategia

(via turismomusical)

Tengo que escribirte estas cosas cuando quisiera no escribirte ni decirte nada, sino abrazarte y besarte en silencio, y mirarte, y sentirte a mi lado y estar juntos no más, así, todo el tiempo.
Jaime Sabines. (via nomegustaelpastel)

Uno comete errores, es tan humano hacerlo. A uno se le hace sencillo venir y derrumbar el juguete ajeno como si fuéramos el niño malvado de la cuadra. A veces uno es la niebla, la niebla que se ciega a sí mismo y que nos asfixia entre una misma estupidez y nos exaspera por una idea vaga mal contada; es que las palabras nos traicionan y el demonio viene en forma de ideas absurdas para bailar alrededor de nosotros, tentarnos y engañarnos, hacernos creer que todo va mal y que el viento no sopla a nuestro favor. Ahora muero de vergüenza, estoy indefenso en medio de un juicio de mis propias maldiciones, siendo juzgado por mis propios demonios a los que lucho por abatir, los que he soñado con abatir de tu mano y que de repente llegan sin avisar y me encuentran con la guardia baja, me avientan tierra en la cara y se abalanzan contra mí. Son monstruos que yo creé tras las cortinas de mi creatividad, personajes malditos que jalan la cuerda y atentan contra mi felicidad, pero que no quiero que jueguen contigo. Me pasa que olvido cerrar con llave la jaula que los mantiene alejados y entonces vienen a causar estragos, a meter nudos en mi garganta y burlarse. Pero yo soy el que manda y los vuelvo a guardar, aunque me angustia que para entonces ya te hicieron tropezar y veo con despecho cómo mis descuidos lastimaron esa obra de incalculable valor, la pieza única de mi colección en pedazos rotos. Así me hundo en una onda de coraje, de sueños lesionados y de culpa que es mía, de vergüenza. No sé por dónde empezar a reparar, en dónde meter la cabeza que entre la pena y mi tristeza debe lucir desahuciada, acariciar tu rostro, secar esa lágrima y recargar tu cabeza contra mi tórax para que escuches mi corazón diciéndote que todo va a estar bien, y que entonces tú me lo digas a mí.


Una caja de regalo.

No sé por donde empezar. Porque no sé cómo llegué al principio del renglón, no sé cómo me convertí en la persona que comenzó a escribir más allá de leer. Estoy en un lugar quieto, es como una casa grande y abandonada con un dulce olor a madera al cuál me había prometido que no iba a volver jamás. Me tiemblan las manos un poco, debe ser la falta de costumbre a este clima o posiblemente se estremecen con ese temor vago de mi juventud, de las cicatrices que marcan mi cuerpo.

No entiendo bien lo que hago aquí. No sé si estoy en lo correcto pero es una parte de mi instinto la que me trajo, la que pide que me quede y que hace quebrar un poco mi razón. Hay cosas que no entiendo y por eso lucho por descifrarte, por quererte. He decidido hacer caso omiso de todo el ruido que hay allá afuera, de la situación adversa, porque somos como dos niños que se miraban por la ventana desde lejos, extraños sin conocerse y con los ojos brillantes, sabiendo que ahí había algo más allá de una distancia entre dos casas. Quiero ir más allá del sueño y por sueño no sólo me refiero a despertar contigo en las mañanas, sino darnos cuenta de que hacemos tan buen juego, que nos sale tan natural ser nosotros y que no sé cómo no nos había ocurrido antes, porque me tuve que quemar allá afuera para aprender y valorar más lo que quiero de la vida, lo que te quiero; vivir ese sueño dentro y afuera de las sábanas, romper cualquier patrón que nos hubiera hecho daño, sanarnos las pequeñas heridas con la saliva e imaginar un cielo para volar poquito.

Verás, todo lo guardo en una caja. Aquí guardo el brillo con el que fui construido: hay un montón de ilusiones ahí adentro, valores y enseñanzas, mis gracias, mis celos, mis defectos, mis emociones. También hay algunas frustraciones, que sin haberlo pretendido se fueron colando hasta hacerse cada vez más e hicieron esta caja más pesada, aunque he aprendido a hacerlas más pequeñas. Ya no sé si esto es una caja o es un planeta. La gravedad que se emana de este contenedor me atrae, me jala de mis brazos y los aprieta para aferrarme a ella. Ya antes recibió algunas patadas, está sucia, mírala, pero fíjate cómo a pesar de todo sigue completa y luce ansiosa de ser abierta, de verdad. Y es que quiero jugar contigo a la verdad. Jugar con tal verdad que nos salgamos del juego, que nuestro juego sea “de verdad” y rompa el concepto de cualquier teoría barata de amores desprendidos. Caminar por la calle, burlarnos de los pesimistas, salirnos de la jaula, que vengas conmigo a esta caja, a esta enorme casa y descubramos todo lo que se puede hacer aquí; que te invite a pasar, cruces la puerta y la cierres por dentro, decirte que no debes tener miedo aunque yo mismo finja no tenerlo, que confíes y me dejes confiar, que veamos que gozar de nuestra libertad en el otro no es tan malo, que las adversidades no existen y el mundo de allá afuera tampoco, ser tu paciencia, calmar tu conciencia, decirte que el pasado nos trajo hasta nosedonde que ahora lo estoy disfrutando.


Universos.

Tengo un universo sobre el escritorio. Con mis manos uní versos e intento acomodar cada ecuación para que se cruce cada línea donde debe pero es complicado, como jugar a los palitos chinos, y muevo cada parte con delicadeza para no mover las partes que ya están fijas, es que tengo una constelación hermosa entre los dedos. Apenas la toco con la suavidad con la que se trata a una dama; quiero mover las circunstancias y que el color correcto nos libere del dolor innecesario. Quisiera reinventar las reglas, descubrir que en efecto, sólo era cuestión de tiempo y que este juego era una prueba, que la maldad no era mía sino del entorno, que tú estás ahí y te veo como lo que eres, lo que quiero que seas.


Mujeres y canciones.

Creo que trato a las mujeres y a las canciones por igual. Quizá parezca injusta la comparación, pero es que hay una similitud tan real en ellas y me niego a pensar que sea alguna coincidencia. Me vino este pensamiento raro cuando estaba tirado en la cama, yo solo, escuchando ese acorde insípido salido de un piano.

Y es que siempre escucho las mismas canciones. Tengo un apego por el trabajo de los mismos artistas y me cuesta trabajo descubrir algo nuevo. A veces me aventuro, rompo mis esquemas y me asomo a escuchar qué es lo que encuentro en parlantes ajenos, pero difícilmente algo logra convencerme y es que me aferro a ese cariño y a ese sentimiento que antes le habré conferido a muy pocas. Hablando de mujeres, hablando de canciones.

Cuando la descubro, le doy su tiempo. La escucho una y otra vez, sin prisas, puedo repetirla de nuevo sin enfadarme y me maravillo de encontrarle algo nuevo, la acaricio y me apropio de ella. Me transporta a otro sentimiento y pareciera que con mi apreciación lograse cobrar vida.

Asimismo me resulta imposible hacerme de tanta música en tan poco tiempo. Simplemente no comprendo la capacidad de muchos para devorar álbumes completos en una semana; me niego a creer que logren una conexión, que nutran un gusto que valga la pena. Escuchan canciones como si fueran prostitutas, tal vez las usan una o dos veces y después se largan así con la que sigue.

No me gustan las canciones llenas de virtuosismo y vacías de sentimiento, me enfadan. Pueden parecer preciosas pero frustran cualquier intento de conversación y son desesperantes; uno quisiera salir de ahí y cuando lo logra, termina cayendo en ese viejo espacio reconfortante de antes. Ahí, donde estaba ella, donde estaba esa canción.


El día de hoy me veo muy guapo.

El día de hoy me veo muy guapo.